Tenía el despertador puesto a las 10, menos mal que mi reloj biológico ha funcionado, y a las 7.40 h me he despertado con un leve ronquido.
El señor ajo, nos ha traido unos ajos, muy propio. Paco, uno de los de finanzas, ha traido pastas y unos hojaldritos rellenos. Y Carmen, la niña de los ojos de el señor ajo, ha traido una tarta de santiago. En este convento sólo se practica el pecado de la gula. Al menos, el pueblo llano. La avaricia queda reservada, para jefecillos y jefazos.
Que feo es este despacho, manda huevos.
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